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Contrasonidos

Svalutation

Artista

Año

Discografía

Adriano Celentano
1976
Clan Celentano

Calificación

6.11

Una mañana de sábado decidí pasarme por la tienda de discos del barrio. Ensimismado, deslizando los LPs entre mis dedos buscando algo que llamase mi atención y sin pensar lo anacrónica que puede llegar a ser toda esta situación en 2026, me encontré con este álbum de Adriano Celentano. Quizás unos años atrás hubiera continuado pasando vinilos con una sonrisa en la cara pensando en su versión de “Azzurro” que, aun siendo un clásico, jamás había despertado ninguna sensación especial en mí. Sin embargo, si decidí parar con la intención de reservarme el disco, es porque ya me había fascinado con “Prisencolinensinainciusol”, una canción que me había enganchado por su ritmo y su descaro, pues la letra pretende parodiar lo que él sentía al escuchar la música en inglés. También había leído hace poco que el milanés era un icono del rock en Italia y decidí darle una oportunidad a él y 13 € al dependiente.

 

Sinceramente, no tenía ni idea de qué esperar de Svalutation cuando lo pinché en mi casa. La única pista que me ofrecía la portada era que habría algo de rock, pero las dos canciones que conocía de Adriano anteriormente no me ayudaban a hacerme una idea clara. Entonces empezó a sonar “I Want To Know Parte I”. Este tema introductorio es una balada lenta en la que el cantante se manifiesta en un tono serio y exhausto, suplicando entender cómo la gente consigue acostumbrarse a vivir en un contexto de pobreza y desamparo. Por sí mismo, no tiene nada muy destacable ni da razones para que quieras volver a escucharlo. Pero sí funciona estupendamente como prólogo de la siguiente canción, que da nombre al disco.

 

“Svalutation” es claramente la pieza clave y por eso es la utilizada por el artista como título. La letra y melodía se combinan para ofrecer una crítica del contexto socioeconómico que vive el país. Por un lado, durante las estrofas, Adriano expresa sus preocupaciones alrededor de la decadencia económica de Italia. Para ello utiliza la musicalidad del rockabilly al mismo tiempo que incorpora palabras anglicanizadas, que podrían ser interpretadas como un señalamiento a los males de la globalización y los efectos del capitalismo. Cuando llega al estribillo el ritmo se vuelve más lento y tiene más reminiscencias de la música folclórica italiana. Y es aquí donde los versos parecen más dirigidos a interpelar a los oyentes de su mensaje. En el primero, señala explícitamente que el dinero estadounidense no ha ayudado a cambiar la crisis. Mientras tanto, en el segundo sí que reivindica que él cree que la solución pasa por la autonomía del pueblo italiano para arreglar la situación. Es una canción movida, disfrutable y con una producción sencilla que le permite expresarse con claridad.

 

 

Diría que es un disco que quizás tenga más sombras que luces, pero que te permite descubrir joyas muy valiosas

Sin querer tampoco entrar en detalles de todas las canciones, tengo que decir que, desgraciadamente, el álbum no se mantiene con la misma frescura constantemente. “La Camera 21”, “Ricordo” o “I Want To Know Parte II” resultan repetitivas y creo que realzan las debilidades de Adriano como músico. Siendo más explícito, diría que cuando la canción cuenta con una melodía más plana y pausada, la voz del artista es insuficiente para imprimir de forma óptima su personalidad y su capacidad para sorprender. Siento que brilla más complementándose con una base instrumental más vívida que con las baladas. Por esto, tengo un problema especialmente con “Ricordo”, que, al tratarse de una canción instrumental de cuatro minutos muy lineal, creo que carece de todas las virtudes que destacaba anteriormente sobre el cantante. Y el problema no radica en que se trate de una pieza instrumental, sino que me cuesta seguir cuál es su papel en el álbum o lo que se quiere contar a través de la pieza. Es cierto que desconozco la discografía completa y que el análisis se ve mermado por no ser capaz de dar con el contexto completo, pero aun así creo que de forma independiente es aburrida y olvidable.

 

Eso sí, el álbum no está exento de muestras de virtuosismo de un músico tan legendario. La canción que más he disfrutado es “La neve”. Nos presenta un escenario urbano e invernal. El protagonista cuenta sus ganas de llegar al hogar, donde le espera el ser amado. Se trata de una balada tranquila y optimista donde la nieve se presenta como la excusa para encontrarse a resguardo al mismo tiempo que como una imagen romántica. Si la balada terminase en el momento en el que Adriano deja de cantar, la canción sería bonita sin más. Pero es que nada más terminar la última palabra de toda la canción empieza una parte puramente instrumental funk acelerada, que muestra aún más optimismo, que te obliga a disfrutar e incluso a bailar. A esa guitarra y batería se unen unos violines que le aportan otro tono a la canción y empieza a percibirse el mimo que hay en la producción, mezcla y composición del tema. Es esta canción la que me genera aún más expectativas sobre el autor y la que me provoca esa sensación de que había potencial para que el álbum fuera más redondo.

 

Como conclusión, diría que es un disco que quizás tenga más sombras que luces, pero que te permite descubrir joyas muy valiosas. Valoro mucho el trabajo que realiza Adriano como letrista en el álbum porque creo que de forma sutil es capaz de transmitir ideas similares a través de escenarios muy distintos y eso ayuda mucho a entenderle como autor. Sin embargo, está lejos de parecerme una gran ejecución en su conjunto y pienso que no se trata de un álbum trascendental, para mí en lo particular y, según he podido saber investigando sobre el propio artista, para su carrera en general.